San Salvador — El bulevar del Hipódromo tiene un nuevo vecino ilustre: un Chevrolet Corvette con placas P53-8EB que la Policía Nacional Civil custodia desde la noche del viernes. El vehículo apareció abandonado unas cuadras después del lugar donde impactó y mató a Manuel Arístides Murcia Hernández, repartidor de Pedidos Ya y vendedor de queso. La PNC tiene el auto, las placas, el lugar de los hechos y hasta el nombre del dueño registrado. Lo único que no aparece es el conductor. Como un examen de matemáticas donde el problema está resuelto pero nadie firmó.
Manuel salió a trabajar esa noche como salía todas las noches: en la moto, con el teléfono pegado al manubrio, llevando pedidos de un lado a otro y con una caja de queso en la espalda para vender al día siguiente. Su familia lo supo por la noticia, como suelen saberlo las familias de los repartidores. Mientras tanto, el conductor del deportivo —ese que nadie vio, según las autoridades— se bajó, miró a Manuel sobre el asfalto, y decidió que su aporte a la investigación sería abandonar el vehículo unas cuadras más adelante, como quien deja un encargo en la puerta equivocada. Un carro de 650 caballos de fuerza contra una moto de reparto. La escena no necesitaba testigos: el resultado se explica solo.
LAS FUENTES POLICIALES REVELARON QUE EL VEHÍCULO ESTÁ REGISTRADO A NOMBRE DE FRANCISCO JAVIER GARCÍA HERNÁNDEZ, RESIDENTE EN LA COLONIA SAN BENITO, según publicó Diario El Mundo. Hasta ahí, todo perfecto: placa, propietario, domicilio. Pero cuando los periodistas preguntaron si García Hernández era quien conducía, las autoridades respondieron con la frase favorita de la burocracia salvadoreña: “no se ha confirmado si esa persona conducía al momento del accidente”. El dueño existe, el conductor no. Los peritos ya elaboraron el retrato hablado del responsable: una hoja en blanco, descrita por los expertos como “el sospechoso perfecto, imposible de delatar”.
LO MÁS NOTABLE DEL CASO ES QUE EL BULEVAR DEL HIPÓDROMO ES UNO DE LOS LUGARES MÁS VIGILADOS DEL PAÍS: BANCOS, RESTAURANTES, CENTROS COMERCIALES Y CASI MEDIO CENTENAR DE CÁMARAS DE SEGURIDAD. El accidente ocurrió en la zona donde nadie puede estacionar sin que tres cámaras lo graben y un guardia de seguridad anote la placa. Y aun así, según la PNC, nadie vio nada: ni quién conducía, ni hacia dónde corrió, ni qué ropa llevaba. Las 47 cámaras del bulevar, todas a la vez, miraban hacia otro lado. Casualidad, dicen. La misma casualidad que, estadísticamente, tiene un 0,0000001% de probabilidad de repetirse, calculó un matemático especializado en estadísticas de tránsito que pidió no ser identificado.
Mientras la investigación avanza a la velocidad de un trámite de ANDA, las redes sociales ya resolvieron el caso. En X y TikTok circula, con la certeza de quien no necesita pruebas, que quien manejaba el Corvette sería hijo de un funcionario de primer nivel. Ningún medio lo ha confirmado. La PNC no confirma ni desmiente: “estamos investigando”, dijeron, que en El Salvador significa lo mismo que “el bus ya viene”: todos lo repiten y nadie lo ha visto.
PARA PREVENIR FUTUROS CASOS, LAS AUTORIDADES ANUNCIARON EL PROGRAMA PILOTO “CONDUCTOR FANTASMA”, UN PLAN DE REINSERCIÓN PARA VEHÍCULOS HUÉRFANOS QUE INCLUYE TERAPIA GRUPAL PARA CORVETTES, CUSTODIA PREVENTIVA EN GARAJES OFICIALES Y UNA LÍNEA TELEFÓNICA GRATUITA PARA QUE EL RESPONSABLE SE ENTREGUE “SIN PREGUNTAS Y CON EL PARABRISAS LIMPIO”. “No hay forma de obligar a un carro a hablar, pero sí de darle un hogar digno mientras esperamos”, explicó un vocero del Viceministerio de Transporte, visiblemente emocionado por el proyecto. El Corvette, fiel a su fama, sigue en el garaje oficial sin decir una palabra. Los abogados recomiendan esperar: en el país de la justicia lenta, hasta los autos tienen derecho a guardar silencio. #ConductorFantasma #JusticiaParaManuel
Esto es sátira. O quizás no. Y si lo confundes con la realidad, ese es el problema.