San Salvador — El Viceministerio de Transporte (VMT) informó este lunes, con el tono de quien acaba de descubrir que el agua moja, que realizó pruebas de alcoholemia y drogas a conductores de autobuses y microbuses en distintas terminales. El hallazgo: manejar un bus de quince toneladas con cervezas encima y un «porrito» de cortesía no es legal. Quién lo diría.
EL ASOMBROSO HALLAZGO JURÍDICO. La ley prohíbe conducir tras haber consumido alcohol en cualquier concentración o drogas. «Cualquier concentración», subraya el reglamento, desde «una cervecita para el calor» hasta el clásico «ya perdí la cuenta en la terminal». Si la prueba da positiva, se configura el delito de conducción peligrosa, mismo que en El Salvador es tan común como las pupusas con loroco y las calles sin señalamiento.
LA MULTA QUE NO ESPANTA A NADIE. La sanción es de $150. Una cifra que, en el contexto del transporte salvadoreño, suena más a membresía que a castigo. «Es más barato que un fin de semana de farra en la zona Rosa», comentó un usuario. «Por $150 manejás todo el día, te ahorrás el Uber y encima ya pagaste. Es como un pase VIP». Otros señalaron que $150 es lo que cuesta llevar a la familia a un buffet chino. Con postre.
LA REALIDAD DEL BUS SALVADOREÑO. Los microbuses de la ruta 42 y las famosas «rutas exprés» no son famosos por su conducción zen. «He visto conductores esquivar baches como en el Mario Kart mientras contestan WhatsApp, se toman un café y cobran el pasaje, todo sin soltar el volante», declaró un pasajero de la 101-D. «Que les hagan prueba de alcohol es como tomarle la temperatura al infierno: interesante, pero no cambia el clima». Un conductor confesó bajo anonimato: «Manejo así desde los 15 y nunca me pasó nada grave — bueno, nada más grave que perder una llanta en la cuesta del Ángel».
LO QUE VIENE. El VMT promete continuar los operativos, y los conductores prometen seguir manejando igual, pero con los vidrios oscuros para disimular el olor a Posh. Los pasajeros seguirán subiéndose a buses que doblan en dos carriles, frenan en seco como si la vida fuera un tutorial de accidente, y cobran el pasaje como si el dólar estuviera en picada. Y $150, total, es el precio de suscribirse a la experiencia más auténtica de El Salvador: llegar vivo, aunque sea de pura suerte.