San Salvador — El Salvador acaba de ganar un título mundial que nadie más quiso disputar: es el país con la mayor tasa de población penitenciaria del planeta, con 1,659 presos por cada 100,000 habitantes, según los datos del World Prison Brief recopilados por Our World in Data. La medalla no se la cuelga ningún atleta: se la cuelga el sistema penitenciario, con la puntualidad de quien lleva años entrenando para esto.
LA COMPARACIÓN INTERNACIONAL DEJA AL PAÍS EN UN PODIO INCÓMODO. Cuba, el segundo lugar, registra 794 presos por cada 100,000 habitantes: la mitad. Estados Unidos, el país que todos señalan como el más carcelario del mundo, queda en 542: un tercio. Es como si un corredor de Soyapango llegara a la meta y el segundo lugar todavía estuviera en la vuelta de calentamiento. Un entrenador de atletismo que pidió no ser identificado lo resumió con precisión de maratón: «Ganar por el doble no es ganar: es una paliza. Y la paliza, aquí, la reciben los presos».
EL RÉGIMEN DE EXCEPCIÓN FUE EL ENTRENADOR DE ESTA MARCA. En enero de 2021 la tasa era de 562 por cada 100,000, una cifra que ni siquiera encabezaba el ranking. En mayo de 2022, meses después de la prórroga que prometió ser temporal, ya se había duplicado a 1,086. Para 2024, 1,659. Entre marzo de 2022 y septiembre de 2023 el Estado sumó más de 72,000 personas a las cárceles, un ritmo de captura que superó al de producción de pupusas en la feria patronal y que, a diferencia de las pupusas, no dejó a nadie satisfecho.
LA ARITMÉTICA DOMÉSTICA ES TODAVÍA MÁS DURA. Con 109,519 personas presas en un país de 6.6 millones, uno de cada 60 salvadoreños está tras las rejas: más gente que la que cabe en dos estadios Cuscatlán llenos hasta la bandera. Las cárceles — incluida la megacárcel insignia del CECOT — tienen capacidad oficial para 67,289 personas, y la ocupación ronda el 162.8%, una cifra que los arquitectos penitenciarios describen como «llegar a la casa de tu suegra con toda la familia, los vecinos y el bus de la ruta 42».
EL DETALLE MÁS INQUIETANTE NO ES EL NÚMERO, SINO QUIÉN LO FIRMA. El Gobierno dejó de publicar cifras oficiales de población carcelaria; el dato de los 109,519 proviene de Cristosal, una organización de derechos humanos. El Estado celebra el récord mundial mientras el contador oficial permanece apagado, como el medidor de ANDA que alguien escondió para que la factura no llegara. Los voceros, consultados, confirmaron que la precisión sigue siendo «quirúrgica» y que las estadísticas son «un tema en revisión».
LOS FUNCIONARIOS PREFIEREN HABLAR DE SEGURIDAD ANTES QUE DE MEDALLERO. El oro olímpico del encierro, dicen, es un logro. Los 109,519 que lo componen, dicen, están mejor así. Y la pregunta que nadie se anima a hacer en voz alta es cuánto falta para que la tasa de 1,659 por cada 100,000 se convierta en el nuevo himno de las concentraciones: «Ganamos. No sabemos exactamente qué, pero ganamos». Los expertos en medallas recomiendan, para el próximo ciclo, competir en la categoría de explicar por qué el oro se mide en rejas. #MedallaDeReja
Esto es sátira. O quizás no. Y si lo confundes con la realidad, ese es el problema.