San Salvador — Cuando Nayib Bukele llegó al poder en 2019, se presentó como el mesías antipolítica que venía a dignificar a los pobres y a destruir a las élites corruptas. Siete años después, los datos revelan un giro inesperado: él y su círculo cercano se convirtieron exactamente en lo que prometieron destruir. Solo que más rápido y con mejor Instagram.
Las declaraciones patrimoniales de 75 funcionarios analizadas por El País demuestran que al menos 21 de ellos incrementaron su patrimonio hasta en un 713% en siete años o menos. El presidente Bukele pasó de $964,546 en 2012 a $4,466,478 en 2026. Un crecimiento del 363% que, si fuera un negocio, sería el más exitoso de la historia salvadoreña. Y lo es. Negocio de familia.
“Es como si el cura que predica contra la lujuria fuera dueño del motel”, explicó el economista René “El Estadístico” Portillo. “Llegaron a combatir la corrupción y terminaron perfeccionándola. Las viejas oligarquías tardaron 30 años en acumular lo que estos muchachos lograron en siete. Es una cuestión de eficiencia. Y de descaro.”
El caso más emblemático es el de Ernesto Sanabria, secretario de Prensa del Gobierno, cuyo patrimonio saltó de $269,884 en 2019 a más de $2 millones en 2026. Un incremento del 700% que, según el portal del Ministerio de Hacienda, es real. Aunque dos funcionarios admitieron bajo anonimato que el formulario es tan laxo que “cualquiera puede escribir lo que quiera”. La transparencia, al estilo bukelista: existe, pero no la busques mucho.
Mientras tanto, la jefa de Gabinete, Carolina Recinos, pasó de $182,945 a $1.3 millones. El presidente del Banco Central de Reserva, Douglas Rodríguez, hizo lo mismo: de $153,130 a $1.3 millones, con un salario mensual que subió de $8,043 a $16,500. El Banco Hipotecario, una institución financiera local, otorgó préstamos millonarios a funcionarios afines que no tenían capacidad de pagar la deuda. Pero claro, eso es “dignidad”. La de ellos.
El contraste es obsceno. Mientras Sanabria multiplicaba su patrimonio por siete, el salario mínimo en El Salvador seguía congelado en $365 mensuales. Un trabajador que gana el mínimo necesitaría 462 años de ahorro —sin gastar un solo centavo en comida, renta o transporte— para alcanzar lo que Sanabria declaró en 2026. Y Sanabria no es el presidente. Es el de prensa.
La bonanza no se limita al Ejecutivo. Los hermanos del presidente, Karim y Yuseff Bukele, adquirieron propiedades valoradas en millones de dólares en el centro histórico de San Salvador, una zona que el gobierno desalojó de decenas de miles de vendedores informales para abrir paso a Starbucks, Pizza Hut y Marriott. “Es una isla de riqueza rodeada de un mar de pobreza”, resumió Héctor Dada, exministro de Economía. Y el mar de pobreza existe: según el Banco Central de Reserva, entre 2019 y 2024, un total de 241,927 salvadoreños cayeron en el umbral de pobreza extrema. Mientras el círculo de Bukele multiplicaba su patrimonio por doce, el país se empobrecía.
El milagro salvadoreño tiene dos caras: una para los de arriba y otra para los de abajo. La de arriba tiene vista al mar y cuenta con piscina climatizada. La de abajo hace fila para comprar la canasta básica a $261, el precio más alto de la historia reciente. Pero al menos el FMI está contento. Y eso es lo que importa, ¿no?
Al cierre de esta edición, el portal de declaraciones patrimoniales del Ministerio de Hacienda seguía en línea, con información mínima e incompleta, accesible solo para quienes tengan paciencia y suerte. Pero los números que sí se conocen cuentan una historia clara: el mesías antipolítica cumplió su promesa. Dignificó a los pobres. Los de su círculo.
#NuevosOligarcas — “Llegamos a destruir las élites. Misión cumplida. Ahora somos nosotros.” — Funcionario oficialista.
El Salvador Today es un periódico satírico. Todo su contenido es ficción con fines de crítica política.