San Salvador — El domingo 31 de mayo entró en vigor la prórroga número 51 del régimen de excepción en El Salvador, aprobada por 57 votos en la Asamblea Legislativa y vigente hasta el 29 de junio. La medida, que comenzó como una respuesta temporal a la violencia de las pandillas, ha sido renovada tantas veces que ya acumula más prórrogas que capítulos tiene una telenovela turca. A estas alturas, llamarla "excepción" es un acto de fe lingüística comparable a llamar "dieta" a lo que llevas cuatro años comiendo.
El plan de suscripción que nadie canceló. Expertos en semántica jurídica han comenzado a preguntarse en qué momento una medida excepcional se convierte en la nueva normalidad. "Si alguien renueva un 'plan excepcional' 51 veces, ya no es excepcional: es su plan base, su paquete básico, su suscripción mensual", explicó un académico que pidió no ser identificado para no ser acusado de antiexcepcionalismo. "Es como si Netflix promocionara un plan 'temporal' y 51 meses después siguieras pagándolo. En algún punto dejas de llamarlo prueba gratuita y aceptas que es tu vida".
Guía utilitaria de lo que ya sabes. Como es tradición cada 30 días, el gobierno publicó una práctica guía detallando qué derechos constitucionales permanecen suspendidos: la detención administrativa se extiende a 15 días (el plazo normal de 72 horas es un lindo recuerdo del pasado), las telecomunicaciones pueden ser intervenidas sin orden judicial, y el derecho a defensa técnica inmediata queda en pausa. Pero no se preocupen: la libertad de asociación y reunión NO está restringida. Es decir, pueden reunirse para quejarse del régimen de excepción, siempre y cuando no lo hagan por teléfono, por mensaje de texto, o mientras están detenidos 15 días sin abogado. El resto de la Constitución funciona con total normalidad. Como un carro al que solo le fallan tres llantas.
El hito del número 51. El dato curioso de esta prórroga es que el número 51 tiene un significado especial: es el mismo número de veces que los diputados han dicho "esta es la última" y han procedido a aprobar la siguiente. También es la cantidad exacta de semanas que un salvadoreño promedio puede pasar sin que le expliquen por qué algo excepcional dura más que su plan de telefonía móvil. "La verdad es que ya perdí la cuenta", confesó un vendedor de pupusas en San Miguel. "Yo solo sé que cuando empezó esto, mi hijo tenía 8 años y ahora ya está en la universidad. Y el régimen sigue siendo 'excepcional'. Como mi pensión, que también es excepcional: excepcionalmente pequeña".
Lo que viene. Con la prórroga 51 en marcha, los analistas ya proyectan la número 52, que caería justo a finales de junio, seguidas muy probablemente de las prórrogas 53, 54, 55 y hasta que alguien en la Asamblea se acuerde de qué era la normalidad que supuestamente iban a restaurar. Mientras tanto, el régimen de excepción sigue siendo, paradójicamente, lo más permanente que tiene El Salvador — más que la inflación, más que el tráfico en el bulevar Los Próceres, y definitivamente más que cualquier plan de suscripción que hayas contratado en tu vida.