San Salvador — En marzo de 2022, después de un fin de semana que nadie quiere recordar, la Asamblea Legislativa aprobó el régimen de excepción como una medida temporal de 30 días. Era, en palabras de los constitucionalistas, un invitado de emergencia: llegaba a poner orden y se iba. Cuatro años después, el invitado sigue en la sala, ya tiene su rincón, habla de remodelar el baño y esta semana le renovaron el contrato por la prórroga número 53.
LA CONSTITUCIÓN LO PENSÓ COMO UN INVITADO, NO COMO UN PADRE DE FAMILIA. El régimen de excepción fue diseñado para momentos extraordinarios: suspender algunas garantías, movilizar a la Fuerza Armada y darle a la Policía herramientas de emergencia. Lo que la Constitución no contempló es la posibilidad de que la emergencia se encariñara con el país. Nadie escribió el artículo que dice qué pasa cuando lo temporal cumple cuatro años, 53 prórrogas y una mudanza completa al CECOT.
EL INQUILINO YA DEJÓ SU HUELLA EN LA CASA. Los dueños festejan que el país acumula más de 1,111 días con cero homicidios, y la cifra se repite en cada prórroga como el logro del mes que justifica el otro mescito. Pero el inquilino también trajo sus cosas: detenciones masivas, la megacárcel como su mueble más grande y un debate internacional que golpea la puerta cada vez más fuerte. Como todo buen huésped que se quedó, tiene defensores fanáticos y vecinos que ya le mandaron a decir que se vaya.
LA RENOVACIÓN MENSUAL ES UN RITUAL QUE NINGÚN DIPUTADO QUIERE ROMPER. Cada mes, la Asamblea aprueba la prórroga con 57 votos, casi siempre con la misma frase: que la medida sigue contribuyendo a la paz y la seguridad. Los expertos en derecho constitucional explican, con paciencia de maestro de primaria, que “temporal” significa que algún día se acaba. Los expertos en convivencia doméstica responden que eso mismo decían del tío que llegó “solo al velorio” y ya lleva una década durmiendo en el sofá.
LA GUÍA PRÁCTICA PARA CONVIVIR CON EL RÉGIMEN ES SENCILLA. Primero: no preguntarle cuándo se va, porque la respuesta ofende. Segundo: trátelo como al servicio de agua de ANDA: páguenlo, agradezcan cuando llega y no hagan preguntas sobre su consistencia. Tercero: si alguien le dice que es una medida temporal, sonría con la misma cara con la que uno escucha a la señora del mercado jurar que mañana sí fía. La paciencia, en este país, también es una política de Estado.
LA PREGUNTA DE FONDO, LA QUE NADIE SE ANIMA A HACER EN VOZ ALTA, ES CUÁNDO ALGO TEMPORAL DEJA DE SERLO. Los tratadistas dicen que cuando ya nadie recuerda cómo era la vida sin él. Los sociólogos, cuando la medida se vuelve parte del paisaje, como las pasarelas del bulevar o los letreros de “prohibido estacionar”. Y los pragmáticos, simplemente, cuando ya no incomoda a nadie. Mientras tanto, el régimen de excepción sigue siendo, oficialmente, una medida extraordinaria. Como el inquilino, que oficialmente solo venía por un mes.
Esto es sátira. O quizás no…