San Salvador — La guerra en Haití se libra por correspondencia. El viernes, el presidente Nayib Bukele pidió en X la dirección exacta de una vivienda para demolerla. La respuesta llegó ese mismo día, pero no en un comentario: la Oficina de Comunicación de Wilson Joseph emitió un comunicado de tres páginas que cita los Convenios de Ginebra y propone un diálogo nacional. El Estado escribe tuits; la pandilla escribe cartas.
El mensaje presidencial está en criollo: «Kote kay sa a ye? Ban nou adrès egzak la, n ap detwi l». Traducido: dónde está esa casa, dennos la dirección exacta y la destruiremos. Respondía a una publicación del 5 de noviembre que oponía dos edificios: el Palacio Nacional, en ruinas desde 2010 y sin reconstruir, y una residencia con piscina que los haitianos atribuyen al jefe de los 400 Mawozo. «Kraze sa plat pou nou Papou», le pidió la autora: destrúyela entera por nosotros, Papá. El tuit no trae coordenadas ni orden firmada: trae un formulario.
Del otro lado hay una oficina de prensa. El 1 de noviembre, Joseph firmó una carta a António Guterres en la que pedía una delegación de la ONU para mediar y aseguraba haber izado la bandera blanca el 20 de agosto. Naciones Unidas confirmó que la recibió y aclaró que recibirla no es reconocer a su autor. El viernes, el comunicado fue más lejos: contacto con la Comisión Nacional de Desarme, suspensión de las operaciones ofensivas y una marcha por la paz el 18 de noviembre. «El diálogo no es una capitulación. Es un acto de responsabilidad patriótica para preservar vidas humanas», dice el documento.
Es un género que la pandilla domina. En 2021 secuestró a diecisiete misioneros; hoy redacta en el idioma de los tribunales. Sobre Joseph pesa una acusación federal en Estados Unidos y una recompensa de un millón de dólares, y responde con notas de prensa: dijo a la agencia AP que los cuatro técnicos desaparecidos murieron, sin presentar una sola prueba. El Gobierno sostiene que están vivos. La Fuerza Armada no confirmó ni desmintió que la dirección ya esté en su poder, pero admitió que revisa «todos los insumos ciudadanos».
«En una guerra por correspondencia, el que pide la dirección pierde la iniciativa», explica el experto en protocolo Rodolfo «El Cónsul» Escalante, especialista en ceremonial irregular. «La dirección es lo único que no se puede citar en un comunicado: por eso el documento de ellos tiene convenios y el de nosotros tiene un campo de texto». De cada diez comunicados de paz que salen de Croix-des-Bouquets, calcula, siete llegan con copia a la prensa, dos a la ONU y uno a la bandeja del destinatario; ninguno trae remitente verificable.
La agenda de la semana que viene ya está escrita. El primer ministro haitiano llega a San Salvador el 16 de noviembre, a la conferencia sobre democracia, y el 18 la pandilla marcha por la paz en Croix-des-Bouquets. Dos procesos de paz, dos ciudades y ni una sola dirección verificada. La que el presidente pidió sigue en los comentarios.
Esto es sátira. O quizás no. Y si lo confundes con la realidad, ese es el problema.