San Salvador — El presidente salvadoreño escribió que Francia está “acabada”, que “es demasiado tarde para salvarla”, y acto seguido ofreció salvarla: “podría lograrlo en una semana”. En el mismo mensaje afirmó que su Gobierno resolvió “en un año un problema cien veces más grave”, aunque no precisó cuál. Una promesa con plazo, precio y bandera, pero sin objeto. La única parte del contrato que quedó escrita fue la fecha de entrega.
El paciente, mientras tanto, había llegado por otra cosa. Medio millón de personas salió a las calles el sábado 17 en Francia —800.000 según los convocantes, 550.000 según el Ministerio del Interior, dos cifras para el mismo país en el mismo día— a protestar por el precio de los combustibles, la comida, los servicios públicos y la falta de maestros. La jornada terminó con la alcaldía de Limoges incendiada y sin aguja, la de Marsella asaltada, la oficina de turismo de Lyon quemada, 1.500 comercios afectados y dos muertos. El diagnóstico que llegó desde San Salvador fue seguridad. Nadie explicó qué relación tiene un sueldo que no alcanza con una prórroga.
El conteo oficial tampoco ayudó a la precisión. El sábado por la noche eran 1.200 detenidos, el domingo 1.800, el lunes más de 2.000 y el martes 2.500 en custodia, con 700 presentados ante un juez y uno de cada cinco casos archivado. Los heridos entre policías pasaron de 150 a más de 600 con el correr de las declaraciones. El número sube más rápido que la cura, y eso en un país que presume de métricas es una mala señal: si el remedio funciona en siete días, conviene saber cuántos días dura el conteo.
Para ordenar una operación de esa naturaleza hace falta una especialidad que todavía no tiene colegio. “El protocolo 7×0: siete días, cero preguntas” — así lo bautizó el doctor Fulgencio «El de la Receta Rápida» Amaya, urgenciólogo constitucional y especialista en diagnósticos por videollamada: “En urgencias, el que llega primero pone el diagnóstico. Francia entró por el precio del pan y la falta de maestros, pero en la sala ya había un especialista en seguridad con la bata puesta. Siete días después el paciente sale curado de algo que no tenía, y eso también se anota como alta. El protocolo reduce la conflictividad un 42,7 % el día seis, con margen de error de cero porque nadie la mide”.
Lo único verificable de la oferta es lo que ya existe: El Salvador tiene 93.162 capturas bajo el régimen de excepción, 120.956 reos y una prórroga 55 que vence el 27 de octubre. Eso es un sistema, con cárceles, presupuesto y personal. Lo que se ofrece a Francia no es el sistema: es el plazo. Y un plazo, a diferencia de una cárcel, no necesita plano, ni terreno, ni sindicato que lo discuta. Se anuncia, se cumple en la fecha y si algo sale mal se culpa al que no lo aplicó.
Queda la pregunta que el mensaje dejó abierta y que el propio formato vuelve irrebatible: cuál era el problema cien veces más grave. Sin esa cifra no hay comparación posible, solo una resta que nadie puede hacer y que por eso mismo siempre gana. Francia vota en seis meses y ya tiene su campaña: un país que se quema en una tarde y un extranjero que promete apagarlo antes del domingo. El lunes siguiente, con las calles limpias y las alcaldías en cenizas, el único documento que quedará de la operación será el tuit. Siete días, cero preguntas, y una aguja que no vuelve a su lugar.
Esto es sátira. O quizás no. Y si lo confundes con la realidad, ese es el problema.