San Salvador — El expediente electrónico del ISSS se cayó, y con él se cayeron las recetas, los exámenes de laboratorio, la programación de cirugías y, de paso, la paciencia de los cotizantes que madrugaron. El Sindicato de Médicos Trabajadores del ISSS (SIMETRISSSS) denunció la “grave situación operativa”: la red informática del Instituto funciona a intermitencias, como el agua de ANDA, pero con la diferencia de que el agua por lo menos avisa qué día no llega.
Las fallas no son una formalidad: afectan el expediente electrónico, la emisión de recetas, las órdenes de laboratorio y la programación de cirugías. El sindicato lo llamó “reacción en cadena” — un término técnico para decir que cuando la pantalla no carga, el paciente no sale con su receta; cuando no hay receta, vuelve al día siguiente; cuando todos vuelven al día siguiente, el pasillo se convierte en el nuevo módulo de atención, y el hospital, en una versión presencial de la espera digital que la modernización prometió eliminar.
“El sistema es como el bus de la ruta 42: existe, todo el mundo lo conoce, pero nadie puede confirmar cuándo va a pasar”, explicó un técnico de sistemas, especialista en apagar y encender aparatos, que pidió no ser identificado para no recibir una orden de revisión de su propio expediente. “La diferencia es que con el bus, por lo menos, la gente sabe que tiene que tomar otro. Con el expediente electrónico, la cita no se puede cambiar, retrasar ni trasladar: se vive en la incertidumbre del ‘cargando…’”.
La paradoja es que el país se enorgullece de su modernización digital, y en parte la tiene: el usuario ya no hace fila desde las cuatro de la mañana con su carnet en la mano; ahora hace fila para ver si la pantalla del registro carga. Es el mismo papeleo histórico, pero en alta definición. La tecnología no eliminó la espera: la digitalizó, y así quedó para siempre en la nube, como los recuerdos de la cita que nunca fue.
Mientras tanto, SIMETRISSSS pide respuestas y los pacientes practican la nueva especialidad que el sistema sí enseña: interpretar la pantalla de carga como un acto de fe. Los más avanzados ya identifican el punto exacto en el que la barra de progreso se detiene y el cual, en realidad, es todo el rectángulo, completito, quieto.
La pregunta no es si el sistema se va a arreglar, porque todo se arregla. La pregunta es cuándo la reacción en cadena va a funcionar en cadena hacia adelante: que la receta salga, que el examen se haga, que la cirugía se programe y que el paciente, por fin, deje de esperar el “cargando…” con la misma fe con la que espera que regrese el agua. Por ahora, la única especialidad 100% confirmada del ISSS es la paciencia. Y esa, lamentablemente, nunca falla.
Esto es sátira. O quizás no. Y si lo confundes con la realidad, ese es el problema.