San Salvador — El presidente Nayib Bukele firmó un acuerdo con Air Europa para abrir la ruta directa San Salvador-Madrid, el último capítulo de la política de cielos abiertos con la que el Gobierno asegura que El Salvador se convertirá en el hub estratégico de la región. Los cielos, efectivamente, se abren. Los bolsillos, según los primeros análisis, siguen tan cerrados como siempre.
LA POLÍTICA DE CIELOS ABIERTOS TIENE UNA LÓGICA SENCILLA: dejar que más aerolíneas vuelen al país para que la competencia baje los precios. Es la misma lógica con la que se dice que el bus de la ruta 42 se llena más cuando hay más buses, sin considerar que el pasaje sigue siendo el mismo y que el tráfico de la Alameda no distingue de frecuencias. Los estudios más optimistas calculan que la llegada de Air Europa reducirá el precio del boleto a Europa en un 3,4% para el año 2031, siempre que la inflación colabore, que el petróleo se porte bien y que ningún avión decida quedarse en Madrid por capricho. Un analista aeronáutico que pidió no ser identificado lo resumió con una precisión incómoda: «El cielo se abre para las aerolíneas, no para los que compran el boleto».
LOS PRECIOS, EFECTIVAMENTE, NO SE HAN ENTERADO DE LA FIRMA. Mientras el Gobierno celebraba el acuerdo con fotos de escritorio y apretón de manos, una revisión rápida de las tarifas actuales para volar a Europa reveló que el boleto más barato cuesta el equivalente a dos quincenas de salario mínimo, más el gesto de pagar la tarjeta y esperar la aprobación del banco como quien espera un milagro con ventanilla. Ante esta realidad, el Ministerio de Hacienda estudia un plan de financiamiento colectivo: cuarenta salvadoreños comprarían un solo boleto y se turnarían el asiento, mientras los otros treinta y nueve esperan en tierra con binoculares y una lista de qué traerse de Madrid. Los expertos recomiendan no hacer esta revisión rápida si se tiene presión arterial.
LA NUEVA RUTA SE VENDE, ADEMÁS, COMO UNA OPORTUNIDAD PARA EL TURISMO Y LOS NEGOCIOS. Se espera que lleguen turistas a conocer el país y que los empresarios aprovechen la conexión directa con la capital española. Lo que no se ha aclarado es cuántos de esos asientos estarán ocupados por funcionarios que viajan a conferencias, misiones comerciales y jornadas de aprendizaje de cómo se hacen las cosas en Madrid, que en El Salvador es una industria con vuelos de ida muy frecuentes y resultados de vuelta muy raramente verificables. El presidente, consultado sobre si su visión de país incluye boletos a precio de pupusa, no confirmó ni desmintió, pero sonrió como quien ya tiene el asiento reservado.
EL SALVADOR, MIENTRAS TANTO, SIGUE SIENDO UN HUB EN EL PAPEL Y UN PAÍS EN LA PRÁCTICA. El aeropuerto es el mismo, las salas de espera las mismas, y el único tráfico que parece no tener límites es el de la carretera al Aeropuerto Internacional, donde el tiempo de espera supera al de muchas conexiones aéreas. La terminal anunció, eso sí, que ampliará la sala de espera para que los salvadoreños que no vuelan tengan un lugar cómodo donde ver despegar a los que sí, porque el turismo también se puede disfrutar desde el cerco perimetral. Los optimistas señalan que cada aerolínea nueva es una victoria. Los pesimistas, que cada ruta nueva es una oportunidad más para que el pasaje siga costando lo mismo, solo que con más opciones para no poder pagarlo.
El Gobierno celebra la firma con el entusiasmo de quien inaugura una obra; los salvadoreños celebrarán cuando, en algún momento, encontrar un vuelo en oferta deje de ser un evento tan improbable como ganarse la lotería del Seguro Social. Hasta entonces, el cielo estará abierto, las aerolíneas competirán y el bolsillo seguirá en su zona de confort: cerrado, con llave y con la esperanza de que algún día la política de cielos abiertos incluya también a los precios. #CielosAbiertos
Esto es sátira. O quizás no. Y si lo confundes con la realidad, ese es el problema.