Última hora Sala de lo Constitucional anuncia nueva interpretación: la Carta Magna "se siente más joven" y considerará candidaturas ilimitadas
Pleno de la Asamblea Legislativa de El Salvador en sesión — Salón Azul
Foto: El Diario de Hoy / Xiomara Alfaro
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Reelección para principiantes: guía de supervivencia para una Constitución que cambia de opinión

UNA SALA DESTITUIDA, UN FALLO REVERTIDO, 44 MUNICIPIOS Y UNA CONSTITUCIÓN QUE SE REINTERPRETA SOLA: EL MANUAL PARA NO PERDERSE EN EL CAMINO HACIA LA PERPETUIDAD


San Salvador — La Constitución de El Salvador es, según los tratadistas, la ley suprema de la República. Según la práctica reciente, es más bien un documento con opiniones que cambian según quién lo lea y cuándo. En 2014, la Sala de lo Constitucional dijo que la reelección presidencial era inadmisible. En 2021, otra Sala —instalada horas después de que la Asamblea destituyera a la anterior— dijo que, en realidad, era perfectamente constitucional. Esta guía —pensada para durar tanto como dure la última interpretación— ayuda al votante a sobrevivir a la montaña rusa jurídica sin perder la fe ni el voto.

El primer paso es entender cómo se cambia una Constitución en El Salvador. La vía clásica, según los libros, requiere mayorías calificadas, debates solemnes y décadas de consenso. La vía moderna, descubierta en 2021, es más expedita: primero se destituye a los magistrados que no están de acuerdo con el texto vigente, y después se les pregunta a los nuevos si la Constitución, en el fondo, siempre quiso decir otra cosa. Los nuevos magistrados, agradecidos por el empleo, suelen responder que sí.

Para el votante que se confunde con las fechas, la guía ofrece una línea de tiempo simplificada. En mayo de 2021, la nueva Asamblea —con una supermayoría recién estrenada— destituyó a los cinco magistrados de la Sala de lo Constitucional y al fiscal general, todo en una jornada, como quien cambia el aceite del auto. En septiembre del mismo año, la Sala renovada emitió el fallo que habilitaba la reelección inmediata, revirtiendo de paso el criterio de 2014. La Constitución no había cambiado una sola coma. Los lectores de la Constitución, sí.

El segundo paso es familiarizarse con la reforma electoral de 2023, un año decisivo para el votante atento. Se eliminó la prohibición de modificar la ley electoral en el año previo a los comicios —justo cuando más falta hacía—, se cambió la fórmula de asignación de escaños, se redujeron los diputados de 84 a 60 y los municipios de 262 a 44. Todo en tiempo récord, con el entusiasmo de quien reorganiza el armario un domingo por la tarde. Un jurista de una universidad pública que pidió no ser identificado lo resumió así: «no es que las reglas cambien; es que cambian de jugador».

Para el votante primerizo, la guía recomienda no asustarse ante la velocidad de los cambios. Que el mapa electoral del país se redibuje cada ciclo no es caos: es modernización administrativa, explicaron las autoridades. Que la oposición pierda cuotas en el organismo electoral no es una preocupación: es eficiencia. Que la Constitución se reinterpreta según la necesidad del momento no es un problema jurídico: es, según los nuevos tratadistas, «un documento vivo», con la misma vitalidad con que un reglamento de condominio decide, de pronto, que le gusta el color del techo vecino.

El día de las elecciones, el votante despliega el protocolo completo: madrugar, hacer fila, mostrar el DUI, recibir el dedo entintado y salir orgulloso de haber participado en democracia. La tinta en el pulgar es la única prueba física de que el proceso ocurrió, porque el resultado, por alguna razón que la Constitución no detalla pero que su última interpretación sugiere, ya estaba cantado desde antes. Los más optimistas interpretan esto como eficiencia; los más cínicos, como un guion bien ensayado.

Esta guía termina con un consejo de oro para los tiempos que vienen: guardá siempre una copia de la Constitución, pero no la encuadernes, porque probablemente la necesites actualizada el mes que viene. Y si algún día te preguntan si la reelección es constitucional, respondé con una pregunta: ¿en qué año? Porque la respuesta, como el país, cambia según la temporada. El votante salvadoreño, mientras tanto, sigue esperando ese bus que nunca llega, con la puntualidad de un derecho adquirido.

Esto es sátira. O quizás no. Y si lo confundes con la realidad, ese es el problema.


Esto es sátira. O quizás no. Y si lo confundes con la realidad, ese es el problema.