San Salvador — La Constitución de El Salvador dice, claramente, que no hay reelección presidencial. Pero, como todo en el país, las reglas son más bien sugerencias que dependen de quién las interprete.
“La Constitución es un documento vivo”, explicó un magistrado de la Sala de lo Constitucional —la misma que fue destituida en 2021 para instalar una más complaciente. “Un documento vivo significa que puede cambiar de opinión. Como cuando dices que no vas a comer dulce y a los cinco minutos estás comiendo dulce”.
El proceso fue impecable: primero se cambió la Sala, luego se reinterpretó la Constitución, y finalmente se anunció que la reelección era constitucional. Todo en orden. La ley se respeta —siempre y cuando se respete la versión oficial de la ley.
“Es como jugar fútbol y cambiar las reglas en el entretiempo”, dijo un abogado constitucionalista. “Solo que aquí el árbitro, el anotador y la comisión de disciplina son del mismo equipo”.
La reelección, además, fue aprobada con los votos de 60 diputados del mismo partido. La oposición, que no existe, votó en contra. O no. Es difícil saberlo porque no hay oposición. Pero todo fue democrático, según los involucrados.