San Salvador — El Banco Central de Reserva publicó «El déficit habitacional en El Salvador», un estudio armado con el último censo de población y vivienda, y la cifra hay que leerla dos veces: 1,482,826 viviendas. Más de 1.4 millones de hogares, el 77% de las familias del país, según el cálculo que difundió Diario Co Latino. La novedad no es el número. Es de dónde salió.
El desglose. Solo 212,473 de esas viviendas hacen falta de verdad. Las otras 1,270,353 ya están construidas, tienen dirección y recibo de luz; lo que no tienen es agua, desagüe, piso firme o baño. El país no perdió un millón de casas en dos años: encontró un censo que se tomó la molestia de preguntar.
La pericia. «Antes el déficit lo calculaba el que vendía casas; ahora lo calcula el que las cuenta», explica el urbanista Lito «El Catastro» Menjívar, especialista en contabilidad habitacional. «Una casa sin agua no es una casa: es una dirección.» En julio, CASALCO hablaba de 400,000 viviendas. El BCR publicó un millón y medio sin que nadie levantara una pared. A eso se le llama, en el gremio, casa de inventario.
El plan. Para cerrar ese hueco, el Ministerio de Vivienda cuenta con $13.7 millones de presupuesto y había gastado $3.9 millones hasta septiembre. A ese ritmo —y según el cálculo publicado por Diario Co Latino, no alcanza ni para 80 casas— el déficit se cierra en dieciocho mil quinientos treinta y cinco años. El plan existe. El calendario existe. La casa, todavía no.
La oferta. El mercado, mientras, no espera censos: hay 24 torres con permisos vigentes en San Salvador y dos mil quinientos apartamentos en camino, según la OPAMSS. El precio mediano de la vivienda en la capital es de $542,300 —el más alto de América Latina—, contra $161,295 en Honduras. Son ochenta y cinco años de un salario íntegro, sin comer y sin alquilar.
La cuota. La ministra de Vivienda recomienda abonar veinte o treinta dólares extra a la cuota mensual y puso de ejemplo una de $190. En la capital, la casa mediana equivale a 2,854 de esas cuotas. El propio BCR calculó que el 93% de la población no puede ahorrar para comprar vivienda: no es que no quiera. Es que el aguinaldo ya tiene dueño.
La casa que falta en Soyapango y la torre de $542,300 en San Benito no son noticias opuestas: son la misma noticia vista desde los dos lados del mostrador. Una se cuenta como déficit. La otra se vende con vista panorámica. Al país no le faltan casas: le faltan las que ya tiene.
Esto es sátira. O quizás no. Y si lo confundes con la realidad, ese es el problema.