San Salvador — ONU Turismo confirmó este fin de semana lo que el gobierno ya venía celebrando: El Salvador es el segundo país del mundo con mayor crecimiento turístico, con un 37% más de visitantes entre enero y junio, y el primero de América, por encima de Paraguay, Panamá y las Islas Vírgenes. El dato cayó justo cuando el país recibía delegaciones de todo el mundo para el Día Mundial del Turismo. La única persona que todavía no ha podido confirmar la noticia, por razones de presupuesto, es el salvadoreño.
El país fue sede mundial del sector, con la Primera Dama y sus hijas recibiendo a la secretaria general de ONU Turismo en la Biblioteca Nacional, cuerpo diplomático incluido, y con una frase oficial que lo resume todo: “los reflectores están en El Salvador”. Es el tipo de titular que en la valla suena a triunfo y en la sala de una casa de Soyapango suena a pregunta: ¿y nosotros cuándo?
“El turismo nacional funciona perfectamente, siempre que el nacional no sea parte del turismo”, explicó el analista de mercados Everardo «El Visto Bueno» Menjívar, especialista en medir lo que crece sin preguntar para quién. “El visitante extranjero llega, se toma la foto y se va. El salvadoreño se queda de paisaje, que sale más barato y no pide factura”. Según su cálculo, el país crece al 37% y el pasaje de bus a la playa crece a un ritmo considerablemente mayor.
Lo confirman los precios de la vitrina: un mango, que antes se conseguía por un colón en cualquier orilla de carretera, hoy aparece a uno y hasta tres dólares; el elote loco dejó de ser comida de barrio para volverse experiencia gastronómica de pudientes, con horchata premium y todo. Con la gasolina como está y la canasta básica subiendo cada quincena, el turista interno más honesto del país es el que mira el mar desde la parada del bus, hace cuentas y se devuelve.
Ningún funcionario quiso explicar cómo se traduce ese 37% en la mesa de una familia, aunque uno del ramo que pidió no ser identificado aseguró que “el auge es real y sostenible”. No supo precisar para quién es sostenible, ni por cuánto tiempo, ni si la cuenta incluye a los que salen del país y algún día vuelven. En la gráfica oficial solo un archipiélago del Pacífico supera a El Salvador, un lugar que el salvadoreño promedio tampoco ubica en el mapa y, mucho menos, paga.
Así el país entra al mapa mundial del turismo con números de primera y salvadoreños de tercera: la misma postal que se vende afuera es la que aquí nadie se puede costear. El 37% de crecimiento se celebra en la biblioteca; en la calle se celebra cada vez que alguien se anima a gastar un elote loco.
Esto es sátira. O quizás no. Y si lo confundes con la realidad, ese es el problema.