San Salvador — El pleno de la Asamblea Legislativa ratifica este jueves el convenio con Estados Unidos para que el Cuerpo de Paz vuelva a operar en El Salvador. El mismo programa que se suspendió en 2016 por inseguridad, cuando el país registraba 106 homicidios por cada 100.000 habitantes, regresa ahora con casi 94.000 detenidos, 54 prórrogas del régimen de excepción y varias jornadas al mes sin un solo homicidio. Los diputados lo celebraron como un triunfo diplomático. El detalle es otro: antes los voluntarios venían a enseñar. Ahora vienen a aprender.
“Ya no somos los que traemos el conocimiento”, admitió un coordinador de programas del Cuerpo de Paz que pidió no ser identificado, con un acento que sonaba a disculpa. “Ahora venimos a documentar cómo se pacifica un país en cuatro años. En Washington nos dijeron que era un caso de éxito global y que había que estudiarlo antes de que alguien preguntara demasiado”.
“Es un giro histórico en la cooperación internacional”, explicó el antropólogo Werner “El Becario” Alfaro, experto en desarrollo comunitario comparado. “Durante décadas mandamos gringos a enseñarles a sembrar a los países pobres. Es la primera vez que mandamos gringos a aprender de un país que resolvió sus problemas metiendo a casi 100.000 personas en una megacárcel. A eso se le llama innovación metodológica”.
Los voluntarios llegarán a proyectos de desarrollo económico, educación y agricultura, justo cuando El Salvador exporta a su juventud. Más de 500.000 personas se han ido del país desde 2019, las deportaciones desde Estados Unidos casi se duplicaron en el primer trimestre de 2026 y el campo perdió 12.000 manzanas de frijol en cuatro años, con medio país en alerta roja por sequía. O sea: los cipotes se van pa’l norte y los gringos llegan a enseñarles agricultura a los que se quedaron.
El comunicado oficial no menciona el motivo por el que el Cuerpo de Paz empacó maletas en 2016: sus voluntarios ya no estaban seguros. Aquel año El Salvador era uno de los países más violentos del planeta. Hoy presume de ser el más seguro del hemisferio, con jornadas seguidas sin homicidios, y la misma institución que huyó de las pandillas vuelve en calidad de estudiante. El país pasó de exportar violencia a exportar el manual.
“Nos van a capacitar en gestión de centros penitenciarios, pero con enfoque de desarrollo comunitario”, detalló la directora de un centro de estudios que pidió anonimato. “Es lo mismo que hacíamos antes con el café y el cacao, solo que ahora la cosecha camina, habla y tiene número de expediente. El voluntario aprende, el país enseña y todos ganamos. Bueno, casi todos”.
Mientras las autoridades celebraban la ratificación en X —con la puntualidad de un trámite que nadie discutió—, en las comunidades rurales la pregunta es más simple: ¿vienen a estudiar cómo se pacificó el país, o a averiguar qué pasó con los que no salieron en la foto del éxito? El Cuerpo de Paz dice que viene a aprender. El país, con casi 94.000 pupitres ocupados en las aulas más grandes del continente, ya tiene bastante que enseñar. Esto es sátira. O quizás no. Y si lo confundís con la realidad, ese es el problema.