San Salvador — La Asamblea Legislativa aprobó en abril de 2024 un préstamo cercano a los 180 millones de dólares, suscrito por el Ministerio de Hacienda, para renovar el transporte público con 1,100 buses y 400 microbuses de la empresa china Yutong. El ministro de Obras Públicas, Romeo Rodríguez, prometió entonces que la fabricación tomaría seis meses y que tres meses después los buses estarían entregados: un año, en total. Del otro lado del charco, la empresa china cobró puntual; del lado salvadoreño, dos años después, sigue sin haber ni un bus, ni una rendición de cuentas, ni una fecha. El proyecto avanza, dicen los comunicados, a una velocidad que solo se aprecia en el papel.
Un diputado de ARENA, Francisco Lira, fue el que se atrevió a preguntar en voz alta qué pasó con el contrato: “Ya pasaron dos años, no hay transparencia, no hay rendición de cuentas de qué sucedió con estos 180 millones. ¿Qué pasó con el contrato con la empresa Yutong?”. La pregunta flotó unos segundos en el hemiciclo y no encontró respuesta, porque la respuesta, como los buses, tampoco tenía fecha confirmada. Lira además notó un detalle incómodo: el metrocable que se construye en San Salvador avanza “más rápido” que la flota de buses, lo que dice mucho del metrocable y bastante más del proyecto de buses.
La modalidad del préstamo merece un renglón aparte: fue aprobado “en especie”, es decir, en bienes. El dinero nunca llegó al país en efectivo porque, en sentido estricto, nunca existió como plata: existió como promesa de buses, y la promesa también se ha dado maña para no materializarse. Un analista de transporte que pidió no ser identificado hizo los números: si el proyecto mantiene su ritmo actual de entrega, el primer bus llegaría al país en el año 2047, siempre que la fábrica, el informe de labores y la memoria colectiva se porten bien. “Es el único préstamo del sistema financiero internacional que se paga y no llega, que se contabiliza y no pesa, como un bus que se paga y no aborda nadie”. En los libros de Hacienda, los 180 millones figuran como invertidos; en la ruta 14, siguen pasando los mismos camiones destartalados de siempre.
Mientras el futuro se fabrica en China, el presente rueda con lo que tiene. Según datos del Gobierno, circulan más de 9,800 unidades de transporte público y casi la mitad, un 43.87 por ciento, anda en un rango de 16 a 20 años de vida útil. Traducción de este cronista de la terminal de Oriente: no es que los buses estén viejos, es que están a punto de jubilarse sin haber pedido la pensión, y el sistema les dice que aguanten un año más porque el reemplazo “ya viene en camino”. El reemplazo lleva dos años en camino, exactamente como los buses del futuro. Las asociaciones de pasajeros ya hablan de la flota fantasma como quien habla de un balneario que nunca inauguran: existe en el mapa, se financia en el presupuesto y no aparece en la parada.
El préstamo, hay que decirlo, sí está contado con esmero: ocho años de plazo, una tasa del 6.5 por ciento y una prima del 15 por ciento. El dinero que se iba a prestar en bienes tiene números de sobra; lo único que no aparece en la hoja de cálculo es el bien. El Ministerio de Obras Públicas, consultado, no ofreció una fecha sino una metodología: el proyecto entra en una nueva fase de coordinación internacional, un término que los expertos traducen como “esperar sin fecha con formato de reunión”. Yutong, por su parte, agradeció el adelanto y confirmó que la factura llegó puntual; de los buses solo dijo que van “muy bien, avanzan”. Nadie se atrevió a preguntarles en qué país avanzan.
Los pasajeros, mientras tanto, siguen su vida con la paciencia de quien ya se sabe el discurso: primero prometieron un año, luego dijeron que para finales de 2025, después corrigieron que sería en 2026 sin precisar el mes, y ahora el consenso es que los buses llegarán “cuando lleguen”. En la parada del futuro se va a necesitar mucha fe, horchata y tiempo de espera, porque en El Salvador hasta las máquinas de cambiar el transporte público aprendieron primero a no llegar. Mientras tanto, Hacienda ya abrió la ventanilla de reclamos por bienes no recibidos; según el último parte, tiene una sola solicitud registrada: la de la flota del futuro, que reclama que le pongan un horario. #YutongSiempreEnCamino
Esto es sátira. O quizás no. Y si lo confundes con la realidad, ese es el problema.