San Salvador — En el país donde el milagro económico se anuncia cada año en el informe de labores y siempre queda para el siguiente, existe al menos uno documentado, con papeles, nómina y código postal: el del doctor Erick Vega, el médico que acompañó la campaña de Nayib Bukele, que en 2018 abrió un consultorio en Santa Ana con un préstamo de 51 mil dólares y ocho años después administra una red de negocios con activos que superan los 19 millones. El estetoscopio, según los registros, funcionaba; la multiplicación de los panes, también.
Un analista de patrimonios que pidió no ser identificado hizo los números: 51 mil dólares convertidos en 19 millones son un crecimiento del 37.154,9 por ciento en ocho años, un rendimiento que ningún fondo del planeta ofrece, salvo quizá los fondos que se administran con base en la confianza. “La medicina rinde, pero no tanto”, comentó. El sueldo mensual de 10 mil dólares del doctor, además, no lo paga ningún hospital: lo paga una constructora que nació en 2016, recibió créditos de una cooperativa cuando estaba presidida por quien después dirigió el banco estatal de fomento, y a la que otra desarrolladora le debía unos 4 millones por diez proyectos residenciales. Los seminarios de finanzas ya enseñan el caso como el Tratamiento Compadre: la única especialidad médica cuya dosis se mide en activos.
El doctor, además, es el director ejecutivo de una cadena de farmacias llamada La Esperanza, con seis establecimientos y activos por 1,2 millones de dólares. La empresa reparte medicinas y canastas básicas en jornadas de “responsabilidad social” a las que su pareja, creadora de contenido de belleza dueña de un spa en Santa Ana, asiste como si la cartera de esperanzas fuera familiar: el spa duplicó sus activos en cuatro años y suma un gimnasio de pilates. “La esperanza no es un sentimiento”, corrigió un boticario de Ahuachapán que pidió anonimato. “Es una cadena de farmacias, y tiene sucursales”.
La biografía del doctor es un manual de movilidad social salvadoreña: hijo de familia modesta de Atiquizaya, estudió medicina en Cuba con una beca y, al volver, le cargaba el maletín a José Luis Merino, el dirigente que administró las empresas ALBA financiadas con petróleo venezolano; fue apoderado de la holding panameña del grupo y asegura que todo fue ad honorem. Del maletín de Merino saltó a lo más alto: es compadre de Bukele, uno de sus hijos es ahijado del presidente, su familia ocupa puestos en la cúpula de Nuevas Ideas y la pareja tuvo lugar reservado en la toma de posesión de 2024. El padrinazgo político, concluyen los analistas, es el único plan de pensiones del país que no exige cotizar.
El medio que documentó la red buscó la versión del doctor el viernes pasado: no confirmó ni desmintió, pero sus activos, durante la llamada, crecieron. La Superintendencia del Sistema Financiero, consultada, respondió que el caso no figura en sus registros porque los milagros no se registran. El Ministerio de Salud, en cambio, anunció un programa piloto: abrir consultorios con capital semilla de 51 mil dólares y “a ver si crecen igual”. Los expertos advierten que el tratamiento requiere un ingrediente que no se consigue en ninguna farmacia del país: una amistad con el presidente.
Mientras el resto del país espera el milagro que los informes prometen para el año que viene, el compadre ya se lo recetó a sí mismo: con farmacia de marca, canastas básicas de foto y un ahijado que crece a la par del patrimonio. El milagro existe, está documentado y tiene sucursales; la explicación, como la receta, está en manos privadas. #MilagroCompadre
Fuente: La red de negocios por $19 millones del médico de campaña de Nayib Bukele — El Faro
Esto es sátira. O quizás no. Y si lo confundes con la realidad, ese es el problema.