San Salvador — El juicio contra José Atilio Montalvo, fundador de la PNC y firmante de los Acuerdos de Paz de 1992, se suspendió este martes por un motivo que ningún manual de derecho procesal penal había contemplado: no había WiFi. “Se suspendió porque no había conexión con la gente que está en el penal. Se argumentó un fallo de conectividad en la Internet”, dijo su abogado, Oscar Canjura. La nueva fecha quedó para el 7 de septiembre. Casi 30 días más. En el país donde, según los comunicados oficiales, ya no queda nada por arreglar, la justicia espera a que alguien reinicie el router.
LOS EXPERTOS EN TECNOLOGÍAS DE LA INFORMACIÓN JURAN QUE LO INTENTARON TODO. Revisaron cables, cambiaron de red, apagaron y encendieron el router varias veces. Y nada. Un ingeniero en telecomunicaciones que pidió no ser identificado defiende la decisión con lógica de manual: “la justicia no puede improvisar — si la videollamada con el penal se corta a mitad de frase, sería un caos procesal”. Mejor que un anciano enfermo espere un mes más, razonan, a que el Estado de primer mundo escuche las pruebas con interferencias.
MONTALVO, DE 74 AÑOS, NO ES CUALQUIER ACUSADO. Excomandante del FMLN, negociador de los Acuerdos de Paz, fundador de la PNC —la misma institución que una noche de mayo de 2024 llegó por él a su casa con un catéter recién colocado para su diálisis—. Sufre enfermedad renal crónica, secuelas de un infarto y de un accidente cerebrovascular, y diabetes. Estuvo 14 meses preso y salió con arresto domiciliario en julio de 2025. Ahora la justicia, tan seria que no puede empezar sin señal, le pide paciencia: es como esperar el bus de la ruta 42 en Soyapango — el bus existe, la parada existe, lo que falla es saber si pasó.
LA ACUSACIÓN, MIENTRAS TANTO, SIGUE EN MODO AVIÓN. Montalvo y otros diez excombatientes de la Alianza Nacional El Salvador en Paz están procesados por un supuesto plan con explosivos contra la toma de posesión de 2024. El caso tiene reserva total: las pruebas —contundentes según la Fiscalía, inexistentes según la defensa: “no hay prueba testimonial, científica, documental ni pericial”— están tan bien guardadas que ni el tribunal ha podido verlas. Los expertos en derecho procesal lo celebran: cuando todo es secreto, ningún fallo de conexión puede filtrar nada.
LA PREGUNTA QUE NADIE SE ANIMA A HACER EN VOZ ALTA ES SI EL PROBLEMA ES EL ROUTER O EL SISTEMA. El país que presume la prisión más grande de América y un modelo que exporta a medio mundo no pudo garantizar una videollamada para juzgar a un anciano que ayudó a construir sus instituciones. Los pragmáticos lo resumen en una frase: la señal se cae, pero las rejas no. Mientras el tribunal decide si el problema es de fibra óptica o de voluntad, Montalvo espera —él desde su casa, otros diez desde la cárcel— en el país donde lo único que nunca falla es la paciencia de los que esperan.
Esto es sátira. O quizás no. Y si lo confundes con la realidad, ese es el problema.