San Salvador — La Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) firmó ayer un contrato para reducir el «agua no facturada», un concepto que la gerencia técnica descubrió hace poco y que se refiere a esa agua que sale de las tuberías sin pagar su recibo, como un pasajero de la ruta 42 que se baja por la puerta de atrás. El plan: intervenir 600 kilómetros de tuberías y 120,000 viviendas para darle caza.
LA TEORÍA DEL AGUA EVASORA. Según los informes de ANDA, existe un misterioso volumen de agua que simplemente desaparece del sistema sin dejar constancia de pago. Durante años, los técnicos sospecharon que se trataba de un fenómeno sobrenatural, quizás agua fantasmal que se esfumaba en la noche. Pero tras décadas de estudios millonarios, llegaron a una conclusión revolucionaria que dejaría a cualquier fontanero sin aliento: el agua se escapa por los huecos de las tuberías. Sí, esos mismos que los vecinos reportan desde 1998 con fotos, vídeos y, en algunos casos, peces nadando en la calle.
600 KM DE TUBERÍAS BAJO LA LUPA. El contrato contempla intervenir 600 kilómetros de tuberías y 120,000 viviendas para «optimizar el servicio», lo que en cristiano significa tapar los agujeros por los que el agua ha estado escapándose ilegalmente durante generaciones. «Es como si descubriéramos que un colador no sirve para tomar sopa», explicó un ex empleado de ANDA que pidió anonimato. «Pero bueno, hay que gastarse los $40 millones del préstamo en algo. Si lo hubiéramos resuelto con un plomero y cinta de teflón, no habría contrato que firmar».
EL MISTERIO DE LA FÍSICA SALVADOREÑA. En cualquier país del mundo, un hueco en la tubería por donde se escapa el agua se llama «fuga». En el lenguaje técnico de ANDA, se llama «agua no facturada», que suena más a un delito fiscal hidráulico que a un problema de plomería. «El agua es una evasora de impuestos serial», declaró un portavoz de ANDA con toda seriedad. «Se nos va sin pagar IVA, sin factura, sin nada. Hay que ponerle orden al líquido». Vecinos del Centro Histórico comentaron, entre risas, que ya sabían que el agua era malandra: «Desde que abrimos la llave y sale tierra, sabíamos que algo raro pasaba. Pero que la culpa sea del agua y no de la tubería, eso sí que es creatividad».
LO QUE VIENE. Con 120,000 hogares por intervenir y 600 kilómetros de tuberías por revisar, el proyecto promete durar lo que cualquier obra pública salvadoreña: entre tres y siete administraciones presidenciales, un par de prórrogas y un sobrecosto que será noticia en 2032. Mientras tanto, el agua seguirá escapándose, los vecinos seguirán llamando a ANDA sin respuesta, y el «agua no facturada» seguirá siendo la pasajera más escurridiza del sistema. Eso sí: ahora tiene un expediente abierto. Y es un comienzo.