San Salvador — Durante la inauguración del santuario de Nuestra Señora de Fátima, decenas de feligreses se acercaron a la figura divina que realmente estaban esperando: Nayib Bukele.
"Él sí hace milagros", dijo una señora mientras se persignaba frente al presidente. "A la virgen la veo en el cielo, pero al presidente lo veo aquí. Además, ella no da audiencias".
La logística oficial había preparado todo para que el verdadero protagonista del evento no fuera la virgen, sino el séquito presidencial. Selfies con fondo de altar mayor, aplausos durante la homilía, y una comitiva que se movía como si el santuario fuera una extensión de Casa Presidencial.
El arzobispo de San Salvador bendijo el templo mientras la comitiva se tomaba fotos. "Que la virgen nos bendiga a todos —y que sonría para la foto—", se escuchó decir a un miembro del gabinete. La línea entre la iglesia y el Estado, ya borrada con Photoshop.
Fuentes del Vaticano confirmaron que la Santa Sede está “evaluando” si la visita califica como acto de fe o proselitismo político. “La línea es delgada”, dijo un vocero. Y nadie se rió.