San Salvador — La Alcaldía de San Salvador Centro ha anunciado con bombos, platillos y un comunicado que parece bula papal la activación de la «Nueva Dispensa», una campaña para que los contribuyentes morosos paguen sus tasas municipales sin intereses ni recargos. Suena a misericordia divina, a jubileo, a ese momento en la misa donde el sacerdote dice «podéis ir en paz». Pero, como toda letra chica, esta también tiene su trampa: la deuda principal se paga completa. Así que no, no te están perdonando nada. Es como si Dios te dijera «te perdono los pecados veniales, pero los mortales los pagas en cuotas con intereses». Exactamente así.
LA TEOLOGÍA DE LA DISPENSA MUNICIPAL. El término «dispensa» tiene ecos eclesiásticos. La Iglesia Católica la usa para eximir a alguien de una obligación canónica. En manos municipales, la palabra adquiere un matiz distinto: eximir de intereses, sí, pero mantener intacta la deuda original como si fuera un dogma de fe. «Es una jugada maestra de marketing teológico», explicó el doctor en teología fiscal Renato Herrera, entrevistado vía telefónica desde la fila de Hacienda. «Le ponen nombre de sacramento a lo que es, esencialmente, una visita del cobrador. Es como llamar ‘éxtasis místico’ a que te embarguen la lavadora». La Alcaldía no ha confirmado si planea imprimir la campaña en vitrales o incluir incienso en los recibos.
¿PERDONAR? NO TAN RÁPIDO. La campaña, vigente hasta el 30 de junio, se aplica a los municipios de San Salvador, Mejicanos, Ciudad Delgado, Cuscatancingo y Ayutuxtepeque. Pero atención: lo que se condona son los intereses moratorios y los recargos. La deuda principal, esa que duele de verdad, sigue ahí, firme, como la promesa de que «mañana sí arreglan la calle». «Es como si el restaurante te dijera ‘no te cobramos el servicio, pero la comida que ya te comiste la pagas completa, cada bocado’», ilustró la contribuyente morosa Marta Elena de López. «Sí, me ahorro los intereses. Pero igual debo los $850 de tasas de los últimos cuatro años. La dispensa es como que te inviten a cenar pero te cobren el menú. Y el menú es caro y tú ya te lo comiste».
EL ECONOMISTA Y LA METÁFORA DEL COLCHÓN. El economista Armando Rivera ofreció su análisis: «Esto es un clásico de la hacienda pública. Le llaman condonación a no cobrarte una multa que ellos mismos inventaron. Imagínese que usted deja su colchón viejo en la calle y la Alcaldía le dice: ‘No le vamos a cobrar la multa por tirar basura, pero usted venga y recoja su colchón. Y tráigalo de vuelta a su casa. Y métalo en la sala. Ahí se queda.’ Eso es la Nueva Dispensa. Le quitan el castigo, pero la obligación sigue ahí, ocupando espacio, como el colchón». Rivera calcula que, ajustado por inflación y el costo emocional de deberle al municipio, la «misericordia municipal» termina costándole al contribuyente exactamente lo mismo que antes, solo que con menos culpa. Y la culpa, en este país, siempre se ha pagado aparte.
EL PLAZO APOSTÓLICO. Los contribuyentes tienen hasta el 30 de junio para acogerse a esta tregua divino-municipal. Quienes no paguen antes de esa fecha volverán a acumular intereses con la furia de un profeta del Antiguo Testamento. «Esto no es caridad, es gestión de cobranza con nombre de encíclica», resumió el teólogo Herrera. «Pero si la gente paga creyendo que recibió una indulgencia, ¿qué importa? Al final, las arcas municipales se llenan y los ciudadanos se sienten perdonados, aunque sigan debiendo lo mismo de siempre». La Alcaldía, mientras tanto, estudia lanzar la segunda fase de la campaña: «La Confirmación: paga dos tasas y la tercera va al cielo». Los contribuyentes esperan sentados. Y con la deuda intacta.