Bahía de Jiquilisco, Usulután — El gobierno salvadoreño, en colaboración con Fundación Naturaleza El Salvador, FIAES y Red Xiuhtic, ha lanzado un proyecto para instalar transmisores satelitales SPOT/ARGOS en tortugas prietas (Chelonia mydas agassizii) en Bahía de Jiquilisco. Hasta ocho quelonios serán equipados con dispositivos de rastreo que permitirán al Ministerio de Medio Ambiente saber en todo momento dónde están, a dónde van y con quién se reúnen. «Especies protegidas, sí. Pero también especies vigiladas», confirmó una fuente del MARN que pidió no ser identificada, en un claro ejercicio de la ironía que define estos tiempos.
EL PROGRAMA TESTIGO PROTEGIDO TORTUGA. El proyecto, que incluyó capacitación a biólogos, veterinarios y líderes comunitarios en Hostal Manglares y Playa El Tular, es presentado como un esfuerzo de conservación. Sin embargo, críticos señalan que el verdadero objetivo es extender el brazo del Estado hasta las profundidades del Pacífico. «Primero fueron los pandilleros, luego los periodistas, luego las cuentas bancarias, y ahora las tortugas no pueden nadar dos metros sin que el satélite lo registre», declaró Marina Quelonio, activista autoproclamada de la recién formada Asociación de Tortugas por la Privacidad Digital. «Mi cliente, la tortuga identificada como SPOT-004, ha decidido no salir del agua hasta que se derogue este decreto de vigilancia acuática», añadió entre sollozos.
8 TORTUGAS, 8 CHIPS, 0 PRIVACIDAD. Los transmisores, del sistema ARGOS, envían señales cada vez que la tortuga saca la cabeza para respirar. Esto significa que cada bocanada de aire queda registrada en una base de datos gubernamental. «Si la tortuga sale a tomar sol a la playa, el MARN lo sabe. Si nada hacia alta mar, el MARN lo sabe. Si tiene una cita romántica con otra tortuga en el arrecife, el MARN lo sabe», explicó con orgullo el viceministro de Medio Ambiente durante la ceremonia de lanzamiento. «Estas tortugas tienen menos privacidad que un diputado con Twitter en temporada de elecciones. Y encima no pueden borrar el historial».
EL CAPARAZÓN COMO EXPEDIENTE DIGITAL. Las preocupaciones no son solo filosóficas. La comunidad científica internacional ha comenzado a preguntarse si este precedente podría extenderse a otras especies. «Hoy son ocho tortugas en Jiquilisco. Mañana pueden ser los pelícanos en la Costa del Sol. Pasado mañana, las iguanas en el Cerro Verde. ¿Dónde termina esto?», cuestionó el doctor Sergio Escamilla, biólogo marino que renunció al proyecto tras enterarse de que los datos serían compartidos con la Dirección de Investigación de la PNC. «Me dijeron que era para proteger a las tortugas. Luego vi el memorándum interno titulado 'Fase II: instalación de micrófonos en conchas de carey'. Ahí entendí todo».
LA VOZ DE LOS ACUSADOS. Este medio logró obtener una declaración de la tortuga SPOT-003, quien a través de un intérprete de lenguaje de aletas expresó su malestar: «Glub glub glub» — que traducido del tortugués significa: «Antes nadaba libre por el océano. Ahora cada vez que subo a respirar siento que un funcionario del MARN me está viendo desde una oficina con aire acondicionado. Prefiero ahogarme». Las tortugas SPOT-005 y SPOT-006, por su parte, han solicitado asilo en aguas internacionales, pero los transmisores no tienen jurisdicción. El sistema ARGOS, cortesía del programa espacial francés, rastrea desde la estratósfera. No hay lugar donde esconderse.
RÉGIMEN DE EXCEPCIÓN ACUÁTICO. La analogía con las políticas de seguridad del gobierno es inevitable. Si el régimen de excepción permite detener a cualquier persona sin orden judicial, el programa SPOT permite localizar a cualquier tortuga sin su consentimiento. «Es el mismo principio», explicó un analista político que pidió no ser nombrado por razones obvias. «La diferencia es que los pandilleros pueden esconderse en una casa. Las tortugas no tienen casa. El océano es su casa. Pero ahora el océano tiene WiFi y el WiFi lo paga el MARN».
EL LEGADO. Las ocho tortugas seguirán siendo rastreadas por el resto de sus vidas o hasta que se les acabe la batería del transmisor, lo que ocurra primero. El gobierno ha prometido que los datos servirán para crear corredores biológicos marinos y mejorar las políticas de conservación. Los escépticos, en cambio, creen que el verdadero propósito es otro: «Todo esto es un ensayo», afirmó Quelonio. «Primero las tortugas. Luego los tiburones. Luego los delfines. Y cuando menos lo esperemos, van a querer ponerle chip a los pescadores artesanales. Ya verá». Mientras tanto, en Bahía de Jiquilisco, las tortugas prietas nadan en círculos, confundidas, preguntándose por qué de repente sienten que alguien las observa desde arriba. No es Dios. Es el MARN. Y tiene buena señal.