San Salvador — La Alcaldía de San Salvador Centro realizó un operativo en la colonia Las Conchas para retirar motocicletas abandonadas que, según fuentes municipales, llevaban tanto tiempo en el mismo lugar que los vecinos ya les habían puesto nombre. El alcalde Mario Durán, con la solemnidad de quien declara la guerra al crimen organizado, dijo que no descansarán hasta erradicar estas «malas prácticas». Y así, entre grúas y guantes industriales, se llevaron lo que algunos consideraban ya patrimonio arqueológico urbano.
EL MISTERIO DE LAS MOTOS FANTASMA. Las motos abandonadas no eran simples vehículos: eran ecosistemas. Sobre sus tanques oxidados crecían plantas, en los asientos rotos anidaban aves y entre los rayos se acumulaban bolsas de supermercados que ya ni existen. «Esa moto roja lleva aquí desde la administración de Quijano», comentó un vecino. «Primero se fue el dueño, luego la pintura, luego el caucho. Al final era más parte del paisaje que los postes de luz». Los funcionarios se llevaron las reliquias entre aplausos y el llanto de las lagartijas que habían hecho del sillín su hogar.
MULTAS QUE DUELEN MÁS QUE EL ÓXIDO. Las multas van de $901 a $2,200, pero una moto que ha pasado cinco años bajo el sol salvadoreño y la lluvia de junio no vale ni $200. Las matemáticas municipales son implacables: la multa es once veces más cara que el vehículo. «Es como si te multaran con $10,000 por dejar pudrirse un pan con pavo», resumió un vecino. La Alcaldía defiende el monto: «No es el valor de la moto, es el valor del orden. Que una moto esté tirada le cuesta caro a la ciudad en dignidad urbana y en vergüenza estética».
LOS 60 DÍAS DEL APOCALIPSIS. Los dueños tienen 60 días para reclamar sus motos antes de que pasen a la PNC. El drama es que la mayoría ni sabe que se las llevaron. «Yo dejé esa moto en 2021 porque se dañó el carburador», confesó don Óscar. «Luego se me olvidó. Luego pasó la pandemia, la tormenta Julia, todo. Cuando supe que se la llevaron sentí alivio: ya no sabía cómo explicarle a mi esposa que la moto que compramos en 2015 era ahora una jardinera pública». La Alcaldía publicará fotos de las incautadas, aunque varias son tan irreconocibles que parecen arte contemporáneo más que vehículos.
EL LEGADO. Con 60 días en el reloj, algunas motos serán reclamadas por dueños nostálgicos. Otras pasarán a la PNC como recordatorio de que en El Salvador hasta las motos abandonan a sus dueños. El resto terminará en una fundidora, convertidas en lingotes que quizás, con suerte, se transformen en una nueva moto que será abandonada en otra colonia dentro de unos años. Mientras tanto, en Las Conchas ya extrañan a la moto verde, la que tenía hierbabuena en el manubrio. Era bonita en su decadencia. Como todo en este país.