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Zona boscosa en San Salvador donde aparece otro cadáver en descomposición: mayo acumula varios hallazgos
Foto: Cortesía/Fiscalía
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Mayo cierra con colección de cadáveres que rivaliza con las cuadras remodeladas en «el país más seguro»

«LAS AUTORIDADES CELEBRAN QUE AL MENOS YA NO SON PANDILLAS, COMO SI UN CADÁVER EN DESCOMPOSICIÓN FUERA MENOS CADÁVER SI NO LO DEJÓ UNA MARA»


San Salvador — El país más seguro de Latinoamérica amaneció este 31 de mayo con otro cadáver en descomposición en una quebrada, porque al parecer la seguridad tiene un asterisco fino que nadie leyó: “no incluye muertos en estado de descomposición”. José Daniel Martínez García, de 34 años, fue hallado en la comunidad San Patricio, cerca del Residencial La Cima, en lo que ya parece ser una tradición mensual más arraigada que el pupusa festival.

La colección de mayo. No es un cadáver. Son “varios casos”, según los propios medios que aún se atreven a reportar lo que huele mal en este país. El cuerpo de Martínez García, para ser precisos, ya había sido localizado el 24 de mayo. Una semana después sigue apareciendo en noticias, que es más tiempo del que la Fiscalía suele dedicarle a un caso que no involucre cámaras de prensa. Mayo, ese mes bendito en el que el gobierno presume cifras de homicidios históricamente bajas, tiene ahora una colección de cadáveres que rivaliza en volumen con la de cuadras remodeladas del Plan Control de Territorio.

La nueva métrica. Fuentes cercanas al Ministerio de Seguridad sugieren que el gobierno está considerando una nueva forma de medir la violencia: cadáveres per cápita, excluyendo los que están en descomposición. La lógica es impecable: si un cuerpo ya huele mal cuando lo encuentran, técnicamente el delito ocurrió en otro mes, y por lo tanto no ensucia las estadísticas del mes actual. Es contabilidad creativa aplicada a la muerte. En Harvard están tomando notas.

Al menos ya no son pandillas. El argumento favorito de las redes oficialistas es que “al menos ya no son las maras”, como si un cadáver en una quebrada fuera menos cadáver porque quien lo dejó allí no tiene tatuajes. La muerte, al parecer, ahora requiere verificación de membresía pandillera para ser considerada relevante. Si nadie reclama el crimen, ¿realmente existió? Si un cuerpo cae en una quebrada y nadie con tatuajes lo empujó, ¿hace ruido la inseguridad?

El país que no cuenta sus muertos. Mientras tanto, El Salvador sigue exportando la narrativa de la seguridad a conferencias internacionales, donde funcionarios bien vestidos explican cómo derrotaron al crimen organizado con mano dura y Twitter. Lo que no mencionan en esas charlas TED es que los cadáveres siguen apareciendo, solo que ahora no tienen quién los firme. José Daniel Martínez García tenía 34 años. Pero en el país más seguro de Latinoamérica, su muerte es apenas un dato que no cabe en la infografía oficial. #SeguridadNivelCadáver