San Salvador — En un país donde el PIB se discute con menos frecuencia que el estado del adoquín, el gobierno ha encontrado por fin su métrica favorita: contar cuadras con piso nuevo. La nueva unidad de medida del desarrollo nacional no es el ingreso per cápita, ni el índice de desarrollo humano, ni siquiera los megavatios generados: es el Metro Lineal de Banca Pintada de Reciente. Y según ese indicador, El Salvador está a un paso de Suiza.
La herejía estadística. Todo comenzó cuando Ondina Ramos, precandidata a alcaldesa de San Salvador por ARENA, cometió el pecado imperdonable de mirar más allá de la 6ª Calle Poniente y dijo: “No podemos medir el progreso de la gente por unas cuadras remodeladas, mientras otros sectores siguen abandonados”. La frase causó un sismo institucional. En Casa Presidencial, un asesor soltó el café. En el Ministerio de Obras Públicas, alguien gritó “¡Traigan la calculadora!”. En los barrios periféricos, la gente miró hacia arriba esperando que cayera algo: agua, promesas o al menos una grúa. Nada cayó.
La réplica oficial. El gobierno no tardó en responder con la sofisticación estadística que lo caracteriza. Anunció la creación del «Índice de Cuadras Remodeladas Per Cápita» (ICRC), un indicador que divide las cuadras con piso nuevo entre la población total para demostrar científicamente que cada salvadoreño posee 0.0003 cuadras de progreso. “Es un número récord”, aseguró un funcionario que pidió anonimato pero llevaba una credencial del MITUR colgando del cuello. “Si extrapolamos la tendencia, en 2087 cada ciudadano tendrá su propia cuadra remodelada. ¿Qué más quieren?”
Los barrios que el progreso olvidó. Mientras tanto, en las colonias donde el pavimento es un recuerdo lejano y los baches tienen nombre propio —“El Abuelo”, “La Viuda”, “El que se tragó la Hilux”—, los vecinos celebran la noticia con la misma emoción con la que reciben la factura de la luz: resignación crónica. “Yo también quiero una banca de esas que se instalan y a los tres meses ya tienen graffiti”, dijo Doña Chenta desde Soyapango, mientras enjuagaba ropa en un pilón que el progreso todavía no ha remodelado.
El futuro es brillante (y Adoquinado). Fuentes cercanas al gabinete revelan que el próximo paso es nominar al Centro Histórico como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en la categoría de “Obra Pública que se Publica en Redes”. Los barrios del Gran San Salvador, por su parte, siguen esperando que el ICRC los alcance. Pero mientras el gobierno siga midiendo el país con cinta métrica de obra, todo indica que el progreso seguirá teniendo una longitud exacta de doce cuadras. #CuadrasPerCápita