San Salvador — En un ejercicio de comunicación estratégica que bien podría enseñarse en Harvard como caso de estudio sobre lo absurdo, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales emitió esta semana un comunicado oficial para recordarle a la población salvadoreña algo que la propia naturaleza ya había dejado bastante claro: los mapaches no son mascotas. Sí, fue necesario decirlo. Alguien, en algún punto de este país, miró al animal con antifacho que le revolvía la basura a las dos de la mañana y pensó: “Este sería un buen compañero de sofa”.
El inventario de la fauna urbana. Según el MARN, los mapaches son una de las especies silvestres más avistadas en el Gran San Salvador, junto con tacuazines y boas. Se les ha encontrado en techos, cielos falsos y basureros, que básicamente es el equivalente animal a buscar vivienda en la zona metropolitana: donde haya techo y comida, se queda uno. La Finca El Espino, último reducto verde que aún no ha sido convertido en torre de apartamentos, sigue siendo refugio temporal de estos animales mientras la ciudad los expulsa con la misma delicadeza con que un guardia de Multiplaza expulsa a alguien que no “encaja”.
Las recomendaciones del MARN. El ministerio fue tajante: no acercarse, no alimentarlos y, sobre todo, no atraparlos. Es decir, exactamente las mismas instrucciones que cualquier persona con dos neuronas funcionales aplicaría al ver un animal salvaje de 60 centímetros con garras, dientes y actitud. Pero en un país donde la gente le pone nombre al garrobo del patio y le deja plato de comida, el MARN entendió que había que ser explícito. “Pueden morder, transmitir enfermedades y causar daños”, advirtió el comunicado, como si la palabra “salvaje” del nombre científico no fuera suficiente pista.
El costo de lo obvio. Fuentes no confirmadas sugieren que la campaña —que incluye gráficos, videos y probablemente un karaoke ecológico— costó más de lo que costaría reforestar el área que desplazó a estos animales en primer lugar. Mientras tanto, los mapaches continúan su vida imperturbable en los basureros de la capital, ajenos a comunicados ministeriales, campañas de concientización y al salvadoreño que juraba que “este mapachito sí era de los buenos”. #NaturalezaNivelMARN