San Salvador — Hay quien dice que el sueño americano es una casa con jardín, un buen trabajo y un futuro mejor. Para 25 salvadoreños retornados, el sueño americano versión exprés es mucho más modesto: aprender a poner un enchufe, saber cuál cable es fase y cuál es neutro, y recibir un certificado que diga “electricista de cuarta categoría”. No es el “American Dream”, pero al menos tiene corriente.
La Cancillería, en colaboración con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la Universidad Don Bosco y varias alcaldías, certificó a 25 migrantes retornados como electricistas de cuarta categoría. La viceministra de Relaciones Exteriores, Patricia Nathaly Godínez, celebró el logro: “Su esfuerzo evidencia que el acceso a oportunidades tiene el poder de transformar vidas”. La jefa de misión de la OIM, Ana Medeiros, agregó que “la reintegración requiere acompañamiento continuo”. Todo muy bonito. Todo muy institucional.
El viaje de ida y vuelta más caro de la historia
“Estos 25 salvadoreños hicieron el viaje más caro de sus vidas para terminar exactamente donde empezaron, pero con un destornillador en la mano”, explicó el Dr. Óscar “El Voltaje” Rivas, experto en políticas migratorias de la Universidad Centroamérica (UCA). “Se fueron al norte huyendo de la falta de oportunidades, Trump los deportó, y ahora el gobierno les enseña a conectar un interruptor. Es el plan de reinserción más honesto que he visto: te devolvemos a la misma realidad, pero con electricidad”.
Podría haber dicho que es un ejemplo de resiliencia, de superación, de cómo el salvadoreño no se rinde. Y en parte lo es. Pero también es la metáfora perfecta de un país que empuja a su gente a irse, y cuando regresa —deportada, sin ahorros, con el mismo sueño roto— le ofrece un curso de electricidad de cuarta categoría. “Es mejor que nada”, dijo una fuente anónima que pidió no ser identificada para no sonar ingrata. “Pero no deja de tener algo de cíclico, ¿no? Te fuiste para no poner enchufes, volviste y te enseñan a poner enchufes”.
Psicólogos, taladros y mucha cinta aislante
El programa no solo incluyó formación técnica, sino también atención psicosocial y habilidades blandas. Porque volver deportado no es fácil, y porque un electricista frustrado podría hacer un cortocircuito. “Esta certificación nos permitirá generar mejores oportunidades”, dijo Gloria Vela, una de las beneficiarias, con un tono que podría interpretarse como esperanzado o como resignado, según desde donde se mire. La Universidad Don Bosco, los gobiernos municipales de San Salvador Este y Santa Ana Oeste, y el Plan Nacional de Reintegración para Personas Retornadas fueron parte del esfuerzo.
El círculo vicioso del sueño americano versión 2.0
Los 25 nuevos electricistas de cuarta categoría ya estaban buscando trabajo. Algunos, se dice, estaban considerando volver a intentar el viaje al norte. “Pero ahora al menos saben cambiar un foco”, bromeó el Dr. Rivas. La Cancillería no respondió a las solicitudes de comentario sobre si el próximo curso incluirá “Cómo arreglar un país para no tener que irse”.