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Gobierno celebra $1,288 millones en créditos de vivienda: el 90% de salvadoreños aún duerme bajo un techo de lámina

MICHELLE SOL CELEBRA $1,288 MILLONES EN CRÉDITOS DE VIVIENDA: EL 90% DE SALVADOREÑOS SIGUE DURMIENDO BAJO TECHO DE LÁMINA Y EL 70% NO TIENE TERRENO PROPIO PARA ACCEDER A LOS CRÉDITOS


San Salvador — La ministra de Vivienda, Michelle Sol, se sentó en el programa Diálogo 21 a presumir los números mágicos de su gestión y, hay que admitirlo, los números son impresionantes. $1,288.5 millones en créditos, escrituras, reasentamientos y proyectos habitacionales. De esos, $1,202 millones solo en créditos del Fondo Social para la Vivienda (FSV) y FONAVIPO. Más de 50,000 familias "beneficiadas".

Pero como en El Salvador ya aprendimos, las matemáticas del gobierno son como las del bitcoin: impresionantes hasta que las revisas con cuidado.

Porque el déficit habitacional en El Salvador, según datos del mismo gobierno, ronda las 500,000 viviendas. Es decir, lo que la ministra celebra como un éxito cubre apenas el 10% de lo que el país realmente necesita. El 90% restante sigue esperando —literalmente— debajo de un techo de lámina.

El problema de la letra pequeña. El programa de FONAVIPO ofrece créditos desde $20,000 para construcción de vivienda. Suena bien hasta que lees la condición: "el requisito es tener un terreno propio".

Es decir, para acceder al crédito necesitás tener tierra. Pero si tenés tierra, probablemente no sos el target de la política de vivienda social. Es como pedirle a alguien que ya tiene carro que solicite el crédito para comprar su primer vehículo.

Las cuentas no dan. El salario mínimo en El Salvador anda alrededor de $365 mensuales. Para comprar una vivienda de $20,000 con un crédito a 20 años, la cuota mensual —a una tasa preferencial del 8%— ronda los $167. Eso equivale casi al 46% del ingreso de una familia que gana un salario mínimo. Los estándares internacionales dicen que no debería superar el 30%. Pero bueno, ¿quién necesita estándares internacionales cuando tenés un "hito histórico" que celebrar?

Y eso si el beneficiario tiene trabajo formal, con contrato, con DESAÚN (el sistema de ahorro), con todo en regla. En un país donde más del 70% de la población trabaja en la informalidad.

Escrituras que no se comen. La ministra también presumió un aumento en legalizaciones de propiedades. Más escrituras entregadas, más títulos de propiedad. Suena a avance hasta que recordás que tener un título de propiedad no sirve de mucho si no tenés para comer. Es como darle un diploma a un hombre con hambre.

La pregunta incómoda que nadie le hizo en Diálogo 21: si realmente hubo una inversión de $1,200 millones en créditos, ¿por qué el déficit sigue siendo el mismo de hace 10 años? ¿Dónde están las casas? ¿Dónde están las 500,000 viviendas que hacen falta?

La respuesta, probablemente, es que los créditos existen, pero la gente no califica. Que los programas están, pero los requisitos son imposibles. Que los números suenan bien en una entrevista, pero no en la realidad de una familia que gana $365 al mes y paga $250 solo en canasta básica.

Memorias de una ministra optimista. "Estamos trabajando por aquellas familias de uno a dos salarios mínimos, es el verdadero reto", dijo Sol durante la entrevista. Nadie le preguntó si el verdadero reto no sería bajar los costos de construcción, regular los precios del suelo, o —escándalo— construir vivienda pública de verdad, en lugar de simplemente ofrecer créditos que nadie puede pagar.

Pero pedirle a un gobierno que construya vivienda pública en serio, en lugar de simplemente mover dinero entre bancos estatales y llamarlo "inversión social", sería como pedirle a Bukele que no se robe el crédito de lo que otros hacen. Imposible.