San Salvador — El nepotismo en Latinoamérica es como el mal olor en el bus: todo el mundo lo nota, pero nadie lo admite. En El Salvador, el debate está servido: mientras el oficialismo critica el nepotismo en otros países, en casa la familia presidencial ocupa posiciones estratégicas.
“El nepotismo es malo, claro, pero el nuestro es nepotismo con valores”, explicó el sociólogo Javier “El Doble Rasero” Mendoza. “Es como el azúcar: si la usas tú, endulza. Si la usa otro, es dañina”.
Los ejemplos sobran. Mientras en Honduras critican a Xiomara Castro por tener familiares en el gobierno, en El Salvador los hermanos, primos y allegados del presidente ocupan cargos sin que nadie levante la voz.
“Es diferente porque aquí son gente preparada”, dijo un diputado oficialista. “Además, ¿quién mejor que la familia para gobernar? Ya confías en ellos”.
“Lo grave no es que pase”, concluyó Mendoza. “Lo grave es que ya ni siquiera lo disimulan. El nepotismo dejó de ser un vicio para convertirse en una política de Estado”.