San Salvador — En un país donde los hospitales públicos operan con medicinas vencidas y equipos de los 80, el gobierno anunció la construcción de una catedral de estilo gótico. Porque nada dice “prioridades nacionales” como un edificio religioso gigante mientras la gente muere esperando una cama de hospital.
“La catedral será un ícono turístico, generará divisas, pondrá a El Salvador en el mapa”, declaró un funcionario de turismo. “Los hospitales, en cambio, solo salvan vidas. No hay comparación en términos de impacto viral en Instagram”.
La catedral, que costará una cifra que nadie quiere decir en voz alta, tendrá capacidad para 5,000 feligreses. El hospital más cercano, construido hace 40 años, tiene capacidad para 200 camas —de las cuales 50 están ocupadas por pacientes que deberían estar en cuidados intensivos pero no hay espacio.
“Es cuestión de prioridades”, dijo un analista. “Uno construye para el alma, el otro para el cuerpo. Y en este país, el alma siempre gana. Sobre todo si el presidente va a salir en la foto de la inauguración”.
La catedral tendrá vitrales importados, bancas de caoba y un órgano traído de Alemania. Los hospitales, mientras tanto, seguirán esperando.