San Salvador — Un sacerdote acusado de abuso sexual murió antes de que el juicio en su contra pudiera realizarse. La justicia terrenal, que ya iba tarde, llegó después de que la justicia divina se adelantara.
“Es una lástima que no haya podido enfrentar el proceso”, declaró un portavoz de la Iglesia, sin especificar si la lástima era por el acusado o por las víctimas.
Las víctimas, que esperaron años para que el caso llegara a juicio, se quedaron sin el proceso judicial que tanto tardó en iniciar.
El caso se archiva. El expediente se cierra. La justicia —tanto la humana como la divina— sigue su curso. Pero las víctimas siguen esperando una respuesta que ya no llegará.
“Es irónico”, comentó un abogado de derechos humanos. “El sistema judicial tardó tanto que el acusado murió de viejo. En cualquier otro país, eso se llama dilación injustificada. Aquí se llama justicia divina y asunto cerrado”.
Mientras tanto, la Iglesia ha iniciado los trámites para que el sacerdote sea recordado como un “servidor de Dios”. Las víctimas, en cambio, esperan ser recordadas por alguien.