San Salvador — La vieja clase política no hacía nada. La nueva clase política —esa que prometía ser diferente— tampoco hace nada. Pero al menos la vieja tenía la decencia de no prometer que iba a hacer algo.
“Es el ciclo de la política salvadoreña”, explicó el historiador Tomás “El Cínico” Renderos. “Llegan nuevos, critican a los viejos, prometen cambio, ganan elecciones, se sientan, y descubren que gobernar es más difícil que criticar. Y entonces se convierten en los viejos que criticaban”.
La Asamblea, dominada por el oficialismo, ha aprobado leyes de agenda digital, criptomonedas y tecnología mientras los hospitales públicos siguen sin medicinas.
La vieja clase política hacía TikToks. La nueva también hace TikToks. La diferencia es que la nueva los hace mejor producidos. “Eso es progreso”, dijo Renderos sin ironía. O con tanta que era difícil saberlo.
Mientras tanto, el país sigue esperando que alguien haga algo. Pero como todos están ocupados tuiteando, filmando y aprobando leyes que nadie pidió, el “hacer algo” tendrá que esperar.