San Salvador — En el manual no escrito del oficialismo, gobernar se parece más a una lista de pendientes personales que a un proyecto de nación. “Venganza y orden” no es el título de una película de acción, sino la filosofía política de la administración actual.
“El gobierno entiende la política como una extensión de las relaciones personales”, explicó la analista Marta “La Observadora” Flores. “Si estás conmigo, te va bien. Si no, te va mal. Es simple. Es efectivo. Y es exactamente lo contrario de lo que debería ser un gobierno”.
Los casos se acumulan: críticos que pierden sus empleos públicos, medios independientes que enfrentan auditorías fiscales, organizaciones de derechos humanos que son investigadas, periodistas que terminan en el exilio o en la cárcel.
“Gobernar no es tener razón, es tener poder”, sentenció un exfuncionario que pidió anonimato. “Y cuando tienes todo el poder, la venganza es solo una forma de recordarle a la gente quién manda”.
Mientras tanto, los problemas estructurales del país —salud, educación, infraestructura— esperan su turno en una lista de prioridades donde siempre hay algo más urgente: como recordarle a alguien que no debe criticar al gobierno.