SAN SALVADOR — A las 6:27 de la mañana del viernes 5 de junio, un sismo de magnitud 5.3 sacudió la costa de La Libertad y fue percibido en al menos cinco departamentos. La mayoría de salvadoreños, sin embargo, no se molestó en levantarse. No por valentía. Por costumbre.

«Sentí que se movía todo, pero pensé: ¿esto es el temblor o el estómbro sonando por lo que compré con la canasta básica?», declaró doña Marta de la Cruz, residente de la colonia Escalón, quien confesó haber dado media vuelta y seguir durmiendo. «Como no sonaban las sirenas del régimen de excepción, asumí que no era grave».

El MARN confirmó que el sismo se originó frente a La Libertad a 39 km de profundidad. Protección Civil activó el COE de inmediato. Nadie les hizo caso.

El umbral de alerta de los salvadoreños está tan erosionado que ya confunden un sismo de 5.3 con el ronquido del vecino.

En Soyapango, don Miguel Hernández sintió el remezón y pensó: «el bus cayendo en otro hueco de la calle». En redes sociales, los memes llegaron antes que las alertas. «Mínimo que sea de 6.8 para que nos den el día libre», escribió un usuario. Otro comentó: «El MARN dice 5.3. Yo digo que fue mi estómago pidiendo auxilio tras ver los precios del maíz».

«En este país, un temblor político-económico sacude más fuerte que uno geológico. El de 5.3 nos parece cosita porque el verdadero terremoto lo vivimos cada día»

Protección Civil confirmó que no hubo daños ni víctimas. «Afortunadamente no pasó a mayores», declaró un portavoz. «Pero la gente ya no se inmutaría aunque se les cayera una pared».

Expertos consultados por EST explicaron que, luego de años de crisis económica, apagones y un régimen que puede llevarse a cualquiera a cualquier hora, el sistema nervioso del salvadoreño ha desarrollado una tolerancia sísmica sobrehumana. «Es como vivir al lado de una vía del tren: al principio te asustas, pero a la tercera semana ya duermes como bebé», dijo un sismólogo que pidió no ser identificado porque «con cómo están las cosas, mejor no aparecer en la nota».

El geólogo fue más directo: «El verdadero terremoto lo vivimos cada día al abrir la cartera».

Al cierre de esta edición, el MARN mantenía el monitoreo de réplicas. Los salvadoreños seguían con sus vidas exactamente igual, lo cual, en El Salvador, ya es noticia.